Opinión

De memoria

¿Y..?

Por Carlos Ferreyra
Amaneció con un sol rojo entre los lejanos edificios fronteros, nublado todo el panorama y ese conocido sol invernal que aluza (así decimos los rústicos) pero escasamente calienta.
Por salud mental no escuchamos el mensaje evangélico de San Pejucristo, no era menester para saber que el pasado 2021 ha siso el mejor en los diez mil años de vida de México, debidamente acompañado por el exordio para ser honestos, buenos y solidarios en los puntos de referencia de la Cuarta República.
Despuntó el nuevo año ¿y? Cita Monterrosiana: cuando los ciudadanos despertaron el bicho estaba allí. Cierto, ni la pandemia ni el trágico gobernante habían desaparecido. Siguen allí listos para destruir y acabar con los hombres de a pie.
Como dice la expresión, primero los pobres que en acto genocida son agredidos, afectados por los bichos. Sin vacuna que valga ni oraciones que los detengan.
Como única y grata noticia, la señora Silvia Pinal superó su incidente de salud y aseguran que se recupera satisfactoriamente en su casa. Me agrada saberlo.
Conocí a la señora cuando era secretario particular de uno de sus maridos, Gustavo Alatriste, productor de dos de las más célebres cintas de la Pinal, Viridiana y El Angel exterminador.
Hubo una tercera igualmente dirigida por Luis Buñuel, la peor película posible. Era tan genial que hasta eso logró: originalmente, San Simeón el estilita; comercialmente, San Simón del desierto.
El tiempo que tuve trato con la señora Pinal, lo recuerdo con agrado. Habrá quien no concuerde pero hablo de una experiencia personal: grata, educada, respetuosa.
Ocasionalmente la señora solicitaba mi auxilio en particular con asuntos relacionados con sus pieles, que enviaba a trabajos de conservación y a refrigeración a alguna casa especializada en Francia.
Contaba con un surtido enorme de pelucas que usaba en beneficio del ahorro de tiempo cuando filmaba o actuaba en público. En grandes cajas redondas, las mandábamos a Madrid, donde igualmente les daban mantenimiento, las peinaban y conservación.
Dos encargos mínimos que podrían cumplir sus ayudantes personales, pero que me los pedía como muestra de confianza y de que en mis manos se haría lo mejor para satisfacerla.
En los saraos que organizaba Alatriste, creo sinceramente para presumir que tenía un secretario particular, por entonces lujo reservado para los grandes funcionarios oficiales, la señora me presentaba con sus invitados.
Y me dejaba después que sin nada que decir u opinar entre actores de primer nivel y politicastros inclusive uno que otro secretario de Estado, me quedara en la entrada de la mansión con Silvia su hija, Silvita, platicándo de cualquier cosa.
Aburrida la jovencita que despertaba la lubricidad de la colección de vejetes, con su uniforme escolar, faldita tableada arriba de la rodilla, calcetas atadas con una delicada cinta roja adornada con una borlita, nos despedíamos y yo aprovechaba para desaparecerme.
En general mis recuerdos de Silvia Pinal son gratos. Tengo en la mente cuando entraba al edificio donde estaban las oficinas de su marido, con una sonrisa saludando a quien se topaba a su paso, dando la mano a las mujeres y respondiendo a los varones.
Manejaba uno de los dos enormes Cadillac plateados. Sin alardes y si requería algo, antes de llegar como sucedía con Gustavo, nos convocaba a esperarla en Camino al Desierto y Revolución. Hoy sería Altavista la denominación de la primera calle.
Corto, siento alegría por la recuperación de quien tanta alegra, tanta ilusión, tantos sentimientos provocó entre su querido público al que, dicho de paso, nunca defraudó…

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