Opinión

De memoria

Escamocha…

Por Carlos Ferreyra
Como sabemos los menesterosos que en el mundo han sido, la escamocha son las sobras de los platos de los restaurantes, van directo al bote de los desperdicios, de donde lo aprovechan los más pobres entre los pobres.
En ciertas naciones nórdicas se acostumbra reservar parte de cada platillo, lo que seguramente ya no ingerirá el comensal, y con esos que de ninguna manera son desperdicios, se integran almuerzos cuya distribución gratuita queda a cargo de agrupaciones civiles. No de caridad.
México, viste mucho dejar medio guiso, caro, para que pase al nivel de escamocha. En los restoranes donde hay barra para autoservicio, da grima observar especialmente a los niños, sirviéndose como si fuesen a llevar bastimento a toda su escuela.
No los adiestran en el consumo moderado: más, es un lujo que no todos pueden alcanzar. Pero lo importante es crear la imagen del ahíto, el que puede alcanzar las glorias de la Gran Comilona.
Este es un tema menor, digamos que entra en la escamocha de la información, tan ocupada y preocupada sobre la consulta para revocación del mandato, que por magia y obra de la Madre Matiana, ha pasado de consulta de revocación a consulta de ratificación y continuación de mando.
Como es elemental, sabemos que el tramposo que hizo la ley y por tanto la trampa, fue elegido para gobernar seis años. Constitucionalmente nada hay para consultar y menos para ratificar continuismos peligrosos que en interpretaciones absurdas pueda aplicarse para seguir montado en la Silla del Águila o como vil Okupa de un predio sustraído al pueblo, que ya no puede acceder a contemplar libremente a Rivera.
Pero hurgamos en los basureros del poder: Claudia Cheimbaun mostró su experiencia en la ingestión de tacos de canasta. Muestra una añeja caricatura de Abel Quezada la forme como se sostiene, se muerde y se disfruta ese alimento.
Creo que le dicen expertis, yo imagino que es simple entrenamiento. Cuál muestra la señora, se debe agarrar con cuatro dedos y uno opuesto. La cabeza ligeramente ladeada, el cogote en la mayor extensión posible, introduciendo completa la tortilla para impedir, decía Quezada, una boleada de salsa. La señora es maestra, por lo visto.
Para los desocupados nacionales, que somos un chorro y dos montones, el cuento de la chamarra Guess al que contribuí al mezclar dos imágenes, en la primera efectivamente se mira la susodicha prenda, el tipo que la porta de espaldas al parecer acompañando al mandatario.
En la segunda, una señora que no tiene tanta lana para adquirir la chaquetita, le enseña su celular al señor del Palacio Virreinal, que seguramente no tiene mejor tarea por delante.
Me atengo a quienes dicen haber visto descender del vuelo de regreso de Nueva York, al jovencito cuyo apelativo se escapa pero se le recuerda como Chocoflán. Esos testigos mirones insisten en que era la chaqueta del niño, cosa por cierto, que no debería llevarnos más allá de un comentario vano… como este.

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