Opinión

De memoria

De amores y traiciones…

Carlos Ferreyra

La eterna duda: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?
Misterio tan lejos de solución como referirse a Morena, su líder y sus mas notorios activos políticos: ¿quien traicionó primero?
Ya es público y notorio que la voluntaria desaparición de Ricardo Monreal de redes y medios en general, obedece a la tarea soterrada para conformar grupos de apoyo para la carrera presidencial.
Se habla de renuncias y de brincar al partido naranja, pero el zacatecano, que no come lumbre, hace profesión de fe pejiasna mientras prepara el asalto al poder.
Pero si no come lumbre, tampoco se chupa el dedo aunque lo lleve todavía con el atole que le dio su tlatoani: para López la única, la sucesora, será Claudia Cheimbaun y no valdrán testimonios recibiendo dinero sucio de un empresario al que ella favorecía, para viajar a Europa en compañía de su marido, Carlos Imaz, grabado en tal menester y corrido después de la delegación Tlalpan por ladrón. Se le acusó, se le exhibió y nunca se le molestó.
De tal circunstancia esta enterado Monreal como lo está el francesito apasionado, Marcelo Ebrard Casaubón con quien se había acordado un frente del que saldría el candidato para hacer frente a Cheimbaun.
Dos egos frente a frente, uno concibiéndose como el emperador llegado de tierras europeas, y el otro, ladino y con la sabiduría que otorga la vida; los dos, seguros de ser cada uno, el merecedor.
Magcel, eterno burócrata de segunda línea que, a diferencia de Ricardo con carrera propia repleta de brincos y traiciones, sin el cómplice acordado comenzó a configurar la creación de un partido político propio.
Ambos suspirantes, entre traiciones mutuas, lograron lo que quería el que primero los traicionó: López, Impedirles la unión y dejar que cada cual se rasque con sus uñas. Garras, en el caso presente.
En tanto Monreal amarra cordelitos entre la localidad local, Xochimilcas dixit, Magcel corre a Suramérica a abrevar de las experiencias conosureñas en materia electoral. Pero México, para su pesar, no es Chile, Argentina o Uruguay.
En desconocido periplo, el pretendiente a la Silla del Águila visitó al mandatario electo de Chile, el joven dirigente comunista Gabriel Boric.
Y si como México no hay dos y como Uruguay no hay, Chile no nos embona. Las experiencias de esas naciones no pueden ser trasladadas en automático a nuestro país.
De Chile, Ebrard saltó a Argentina. Hasta lo no informado, en ninguna de las visitas llevaba encargo oficial. Llevaba, eso sí, en abundancia, recursos oficiales pero en vista de la foto adjunta, se limitó a presentarle sus respetos a Mafalda, la personaja creación de Joaquín Lavado o Lavadero.
Con sus ojitos en plena repulsa uno de otro, el funcionario mexicano la verdad rompe el simpático esquema conformado por los niños del barrio donde se crió el autor.
Por cierto la comitiva del visitante debió ser poco mas que exagerada. En balcones, puertas y aparadores del comercio frontero, el vecindario volcado sólo para ver cómo le toman una foto a un grande.
Grande de tamaño, pequeño en la imaginación, inteligencia y moral. Los restos de dos policías quemados vivos y el centenar de víctimas fatales de la Línea Bicentenario lo perseguirán siempre aunque, lo vemos, como a su pronto ex amo, no le quitan una pluma a su gallo…

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