Opinión

De memoria

Inventando el periodismo…

Carlos Ferreyra

En mi ya prolongada vida y extensa caminata por los distintos medios y géneros de la información, supuse que había visto todo, aprendido casi todo y presenciado todo.
En tiempos pasados constaté la desvergüenza de ciertos plumíferos, alquilones, que se enfrascaban en verdaderos combates verbales para disputar una verdad en torno de algún tema de interés general.
Algunos con habilidad sibilina, lograban retorcer tal o cual circunstancia y sembrar la duda que otros intentarían resolver. Pero usando siempre el castellano y sus reglas.
Conocí de cerca a muchos de estos mercenarios del periodismo, entre los que destacaba un peruano de nombre gratamente olvidable. Existían de todas las nacionalidades, de todos los niveles culturales, profesionales del chantaje que no pasaron a la historia.
Uno, gringo y miembro de la entonces muy reservada Asociación de corresponsales Extranjeros en México, fue enviado a Bolivia para desde allí iniciar una operación suplantando o creando un Diario del Che con distinta perspectiva.
Ni él ni su agencia, la CIA, se enteraron que los originales de los apuntes del que llamábamos El Guerrillero Heroico, llegarían a ciertas manos, rescatados por el ministro boliviano del Interior, Antonio Arguedas que también se hizo de las manos mutiladas del rebelde.
La obra se publicó simultáneamente en México, Argentina, Chile, Francia, Italia y claro, Cuba donde tiene el registro del mayor número de impresos en la historia literaria de la isla.
Tener un ejemplar del Diario del Che en Bolivia, se convirtió en la imagen sagrada de un santo laico. Para la izquierda en ese tiempo simpatizante de la Revolución Cubana, fue el centro del altar que sustituyó a la Guadalupana.
Múltiples variantes del periodismo me tocó constatar en mis recorridos fuera del país, morando bajo regímenes castrenses, presenciando golpes de Estado y mirando con horror, como quizá lo hago ahora, gobiernos criminales, autoritarios.
Todos tenían su estilo particular para matar sapos. Pero establecían límites a cada bando. Sin hipocresía, estabas allá, te matamos los de acá. Pero sin lamentaciones ni juramentos falsos de piedad, humanidad o de preocupación por los marginado por el pueblo bueno y sabio.
Seguramente éramos más simples, rudimentarios y cómo dijo cierta proceresa de la pluma, bastos y sin cepillar.
Por todo esto mi asombro al comprobar que los mexicanos creamos un nuevo género periodístico. Tiene visos de reportaje, de análisis, de información, de crónica, de opinión, de simple narración. Es todo eso y de hecho no es nada.
Encuentro textos de amigos antes muy respetados, excelentes escritores y buenos investigadores de temas económicos, políticos y sociales.
Hoy los veo haciendo lucidoras maromas para convencernos de lo contrario a lo que cotidianamente presenciamos. Excluimos de tal grupo a los moneros, tan vulgares y elementales, que los hubiesen sacado a patadas al primer programa de Duelo de Dibujantes en el que participaban El Chango Garca Cabral y otros emblemáticos artistas con ideas en la cabeza. No con ideotas implantadas.
Emblema nacional, así quedará para la historia, la bardota que cubre a Dos Bocas, la refinería que no refina ni pulque; la de la Central Avionera donde los únicos aeroplanos visibles son los adornos exteriores.
No quiero citar las machincuepas de mis colegas, porque a fuerza de enjuiciarlos in pectore me he alejado de ellos en las redes. Mantengo contacto con quienes estimo, respeto y a veces difiero, pero en buena lid. A los otros cada día los consulto menos, y sólo para entender que el acomodo obliga a poses poco ortodoxas y varoniles. Referencia al sexo masculino, a nadie más.
Si al lector se le ocurre algún título para ese batidillo periodístico, sugiéralo…
(Aeropuerto, envidia de la humanidad, un dia cualquiera. Lo preservamos para mejores tiempos).

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