Opinión

De memoria

Muérase pero pague primero…

Carlos Ferreyra

Inexplicables los criterios comerciales en ciertos rubros de las necesidades humanas.
Veamos: durante muchos meses vocesillas angelicales me invitaban a morirme y me sugerían que no les heredara problemas a mis deudos.
La fórmula era simple, muérase ya, pero antes adquiera su funeral con descuento y caja de lujo en Gayosso o en Garcia no sé cuánto.
Llegó la pandemia y cesaron las voces celestiales. Creo que detectaron que con el bicho la probabilidad de que su posible clientela veterana se petateara y no le diese tiempo de liquidar el compromiso del costo funerario, era muy elevado.
De plano eso dejaba de ser negocio pero además ¿para qué convocar a más clientes si la pandemia ya hacía lo suficiente? Las casas de pompas fúnebres están repletas de dolientes.
Parece que las aguas vuelven a su cauce y ya hoy choco con un anuncio de unos Jardines Guadalupanos que no se conforman con un fiambre.
Por 810 pesos mensuales durante 36 meses, proporcionan dos sepelios, mas otros dos de cortesía y una cripta familiar.
Me cae que allí si vale la pena estirar la pata, sólo con la duda de cómo aprovechar la oferta completa, las carnes frías requieren de otros tres que lo lleven al rincón más oscuro del Mictlán.
O a los antros infernales de Dante, porque al menos en mi entorno principalmente amistoso, no veo a uno solo con alitas y su lira como para visitar el cielo.
Queda el recurso de la ayuda solidaria. Esta mañana el periodista Víctor Manuel Juárez, alias El Joven Yuárex o Vitocho, comenta que cada día a manos de la delincuencia, se van al otro barrio 96 personas.
Sí, leyó bien. 96 cristianos cada día emprenden el camino a la luz, a un lugar mejor como afirman los cursis que, empero, no tienen la mínima disposición para caminar ese luminoso sendero y arribar a ese lugar superior y mejor.
Existe el riesgo, por cierto, de que ante las inconsecuencias de las alturas terrenas, ocupadas en poner orden en la ONU y a la vez pacificar el orbe, que los malos se den cuenta de que están perdiendo clientela.
Y por esa razón dejen de matar. Si continúan con ese ritmo, pronto no habrá muchos mexicanos y eso implica que su horizonte para la venta de drogas, se reduzca con la indudable pérdida de beneficios económicos.
No tengo capacidad para imaginar cuánto daño al erario supondría lo anterior, porque ignoro cual es la relación entre narcos y gobierno.
Por mencionar algo, esa asociación en tiempos de De la Madrid, fue fundamental para salir del bache financiero que dejó su antecesor y amigo, López Portillo.
Está documentado en una de las magistrales obras de Gregorio Ortega Molina, “La costumbre del poder”.
Con curiosidad veremos lo que suceda más adelante. Si los narcos cesan la matadera por voluntad propia, o si las Naciones Unidas, pletóricas de vergüenza, atienden a nuestro mandatario que, una vez lograda la paz universal, regresará mentalmente a México a pacificar a los rijosos sinaloenses y los nuevos de generación…

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