Opinión

Democratización del sindicalismo magisterial, la batalla que no hemos ganado…

Acabamos de conmemorar el aniversario de una batalla histórica en nuestro país, el 5 de mayo, por fortuna en ese episodio se combatió con éxito a las tropas francesas y resultó victorioso nuestro país o al menos eso es lo que conocemos de la historia oficial.

DOXA

 

Sin embargo, en esta ocasión me interesa tocar el tema de otra batalla que en el México actual no hemos podido ganar: la lucha por la democratización del sindicalismo magisterial.


 

Lo anterior, viene a cuenta por la aprobación en la Cámara de Diputados, de una iniciativa para reformar algunos puntos en el contenido de la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (LGSCMM), con el objetivo de garantizar el libre derecho a la sindicalización del magisterio –a partir de reconocer la titularidad de su organización sindical en los términos de registro vigente y de la toma de nota de las organizaciones-, iniciativa que fue promovida por Morena, aprobada y enviada al Senado para su discusión.

 


Si bien aún se encuentra en debate y discusión la aprobación de dicha iniciativa, además de que faltará tiempo para saber si se llevará a cabo o no, es necesario que reflexionemos sobre los propósitos detrás de esta propuesta, así como las posibles implicaciones que puede representar para el sindicalismo magisterial en México.

 

Al respecto, referiré la importancia de uno de los actores que resulta imprescindible en este tema, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), creado en el año de 1943, el SNTE ha fungido durante poco más de siete décadas como una de las organizaciones más poderosas no sólo del país sino de toda América Latina. Algunas de las características que ayudan a reafirmar esta postura, es en primer lugar, la relación de tipo corporativa (intercambio de intereses políticos) que logró consolidar con los gobiernos priistas y panistas, lo anterior, al proporcionar parte importante de su apoyo a los proyectos políticos y educativos de las diferentes administraciones gubernamentales.

 

Cabe destacar que uno de los teóricos más importantes en el estudio del corporativismo, Philippe Schmitter (1992) plantea que un elemento fundamental del corporativismo, es que las organizaciones sindicales asumen el monopolio de la representación política -en cualquiera que fuese su ámbito de influencia-, a cambio de una serie de prerrogativas que son otorgadas a las organizaciones, traducidas principalmente en cuotas de poder: mejores condiciones laborales, prestaciones, garantía en las negociaciones salariales, cargos de representación popular, entre otras, pero que principalmente en el caso de este sindicato fueron concedidas a las “camarillas” que dominaron su dirección a lo largo del tiempo.

 

Otra característica que ha distinguido a la estructura corporativa del SNTE, es el tamaño de su organización, considerando su número de agremiados, mismos que fueron incrementando con el paso de las décadas desde mediados del siglo pasado y que recientemente para el año 2020, se calculó que ya sobrepasa el millón seiscientos de integrantes. Finalmente, vale la pena destacar la relación de imbricación que ha sostenido este sindicato en las estructura del Sistema Educativo Nacional, situación que ya ha sido profundamente investigada y documentada por expertos como Carlos Órnelas (2008).

 

Teniendo como referente el anterior panorama, pareciera que los propósitos para emprender dicha iniciativa de Reforma, se encuentran orientados a disminuir el poder político que hasta ahora sigue ostentando el SNTE, aunque hay que tener en cuenta que no ha sido la primera vez que el Estado mexicano busca quitarle fortaleza a esta agrupación, sin embargo, debe reconocerse que la propuesta intenta atacar la resistencia del corporativismo sindical, desmantelando el elemento sobre la hegemonía representativa a la que hace referencia Schmitter.

 

En consecuencia podría decirse que la  iniciativa resulta relevante y proporciona esperanza para impulsar la democratización del sindicalismo magisterial en México, aunque vale la pena recordar que ya se han realizado acciones con este propósito. Por ejemplo, durante los primeros años del siglo XXI, la legislación de los trabajadores al servicio del estado cambio algunas de sus cláusulas, permitiendo que los maestros se organizaran de manera libre para luchar por su representación nacional.

 

Esto implicó que a partir de ese momento el SNTE tuvo que lidiar con el surgimiento de otros sindicatos representativos; se tiene documentado que, a partir del año 2000 surgieron nuevas agrupaciones independientes que dejaron las filas del SNTE para crear sus propios espacios de representación, la mayoría de ellas figuraron como escisiones políticas del mismo. Sin embargo, en otros casos como el del Sindicato Independiente de Trabajadores de la Educación de México (SITEM) – promovido por el hijo de Carlos Jonguitud Barrios ex dirigente del SNTE-, se ha disputado la preponderancia política y representación sindical con influencia en varias entidades de la República.

 

Y qué decir de la existencia y posicionamiento de la Coordinadora Nacional de  Trabajadores de la Educación (CNTE), que desde finales de los años 80, logró posicionarse como una corriente radical en la lucha por la democratización del magisterio, además de apoyar abiertamente muchas otras causas. Lo que en lo particular me resulta curioso sobre esta agrupación, es que, a pesar de subsistir durante todos estos años en una lucha frontal contra la dirigencia del SNTE, no le ha disputado de manera oficial la representatividad sindical del magisterio nacional.

 

Sin embargo, los gobiernos en turno (PRI, PAN, MORENA) han optado por continuar reconociendo y aceptando la relación privilegiada que tiene el SNTE, debido a que la expansión de su poderío va más allá del sistema laboral.

 

Así, en el hipotético caso de que la propuesta lograra su cometido para que el SNTE pierda realmente el monopolio de representación, creo que el verdadero cambio se traduciría en que garantizar al  millón y medio de docentes que existe en el país, más opciones de representación que no solo resulten atractivas a sus expectativas y a sus intereses laborales, sino que den cuenta de un nuevo comienzo en la relación sindicalismo magisterial-Estado, proporcionando nuevos esquemas fincados en la horizontalidad y democracia al interior de sus organizaciones, de tal manera que nuestros maestros no sean usados como mercancía electoral, tal y como sucedió en el pasado.

 

Ahora bien, aportando a la discusión sobre las posibles implicaciones que traería la aprobación de esta propuesta, podría considerarse que en el largo suceda un efecto de dispersión representativa, caracterizada por el debilitamiento de la dirigencia nacional del SNTE, pero que, además, provoque el surgimiento y propagación de una diversidad de asociaciones sindicales que disputen la representación de los sectores que en la actualidad forman parte del magisterio nacional, cuyo saldo sea la obstaculización en la implementación de las políticas educativas de carácter nacional.

 

Aunque el presidente ya ha manifestado de manera clara que no le interesa el apoyo electoral del SNTE, sabemos que sí resulta imprescindible el respaldo y la legitimidad que proporcionan los docentes para el sostenimiento de su proyecto educativo.

 

Así pues, ante las posibilidades que he expuesto, queda la duda sobre si, ¿realmente el sindicalismo magisterial, sus representantes y organizaciones (oficiales y disidentes) se encuentran preparados para un verdadero proceso de democratización en el país?

 

P.D. Desde hace muchos años ésta ha sido una de las batallas que me gustaría festejar como victoriosa para nuestra nación y para nuestros maestros, no importando si para ello hay día de asueto o no.

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