Opinión

15 de mayo ¿Qué le debemos a los docentes?

Contrario a los que muchos piensan, el maestro en nuestro país ha estado presente no solamente como un educador encargado de replicar el proceso de enseñanza-aprendizaje para que los estudiantes alcancen los logros esperados

“El objeto más noble que puede ocupar el hombre es ilustrar a sus semejantes”. Simón Bolívar

Además de ello, han fungido como creadores de pensamiento social y hacedores mismos de las políticas educativas. Podemos mencionar como ejemplo a las políticas lideradas por José Vasconcelos, quién puso en marcha las misiones culturales con el objetivo de llevar la educación a los lugares más inhóspitos de nuestro país.


Así, el papel que jugaron los maestros rurales, por ejemplo, y en general el proyecto “vasconcelista”, pudo identificarse por el gran interés que tuvo en la enseñanza de los valores sociales y nacionales que edificaron a la sociedad mexicana.

Cabe destacar que, en esos momentos, el interés fundamental fue lograr que la educación básica llegara a todas y todos los mexicanos, y para ello contaron con un proyecto estratégico de profesionalización docente con la creación del Instituto Federal de Capacitación Magisterial en los años cuarenta.

En nuestro contexto actual, la Reforma Educativa del 2019, también reconoce a nuestras maestras y maestros como agentes fundamentales del proceso educativo y, por lo tanto, se reitera su marcada contribución a la “transformación social” que requiere nuestro país. Se argumenta que la revalorización de las y los docentes se tiene que plantear en términos del fortalecimiento y la garantía de su desarrollo y formación profesional mediante la capacitación y actualización (LGE, art. 90).


Lo anterior, hace pensar que, si bien existe un abismo en cuanto a la temporalidad y las transformaciones sociales que distinguieron las políticas de José Vasconcelos y las que se emprenden en la actualidad, lo cierto es que, consolidar la preparación y profesionalización del magisterio nacional continúa siendo una preocupación y apuesta vigente para nuestro Sistema Educativo.

Los datos actuales, evidencian que todavía existen brechas para consolidar ésta necesidad sobre todo en la educación básica. Además de ello, habrá que sumar las nuevas necesidades de formación y preparación que requieren nuestros docentes de cara a los retos que implica la globalización y el avance tecnológico a nivel internacional, esta situación quedó evidenciada durante el periodo de la pandemia.

De acuerdo con Mejoredu (2021), se registró que tan sólo durante el ciclo escolar 2019-2020 únicamente el 78.4% de los docentes de preescolar contaban con el grado académico de licenciatura, 81.1% de los docentes de primaria, y el 83.3% de los de secundaria; en contraste por ejemplo con el 95.2% de los de educación media superior.

Respecto a la formación inicial de los docentes, durante el ciclo escolar 2019-2020 destacó el registro de una gran cantidad de solicitudes de ingreso a estas escuelas, mismas que no se ven reflejadas debido a una disminución en las matrículas ya que solamente se admitió al 50%. Si bien es cierto que las Escuelas normales ya no pueden ser consideradas como las únicas formadoras de docentes en el país, a nivel nacional todavía fungen como las escuelas a donde asisten la mayoría de los docentes para formarse (65%), mientras que un 26% se encuentra inscrito en diversas instituciones de educación superior, y sólo el 9% se encuentra inscrito en el sistema de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN).

Estos datos destacan una situación que debe poner en alerta al Estado Mexicano y a sus instituciones para cerrar las brechas que aún prevalecen y así garantizar la formación mínima con que deben contar los docentes en los niveles básicos de educación, ya que prescindir de su reconocimiento, significaría una falta a la promesa de revalorización docente que ha alcanzado el rango constitucional.

Sin embargo, las acciones gubernamentales en los últimos dos años parecieran ir en sentido contrario a lo estipulado en la Constitución, ya que organizaciones como Mexicanos Primero han visibilizado la afectación a consecuencia de una notable disminución en el presupuesto destinado tanto a la educación como a la formación de los docentes.

De esta forma, si bien en el presupuesto que fue aprobado en el año 2021 se evidenció un aumento en el gasto que hace el Estado para otorgar becas, se disminuyó el dinero destinado para la preparación de las maestras y maestros, en este sentido la asociación denunció que se había otorgado el presupuesto más bajo en dos décadas para las escuelas normalistas, que pasaron de recibir casi 450 millones de pesos en 2019 y 2020, a tan sólo 19 millones de pesos registrados para el año 2021 (Mexicanos Primero: 2021). Esto podría tener consecuencias graves considerando el escenario de rezago educativo que nos heredó la pandemia y para el cual aún no encontramos soluciones ni respuestas claras.

En este sentido, quieran o no y lo acepten o no desde las autoridades, el contexto de la pandemia demostró que, a pesar de que aún se cuentan con carencias en materia de formación docente, los maestros tuvieron que dejar a un lado el acartonado programa que emprendieron las autoridades “Aprende en casa”, para poder responder de forma directa e independiente a las necesidades que tuvieron los 37 023 218 estudiantes que hay en todo el territorio nacional.

Lo anterior nos puede hablar de dos cosas acerca de las y los maestros, 1) del profundo sentido de responsabilidad, no importando las condiciones de encierro y las exigencias tecnológicas que implicó el teletrabajo para ellos, y 2) de su capacidad para adaptarse y responder a las demandas del sistema educativo sin importar si existen o no, de parte de la autoridad, políticas congruentes que les ayuden realmente a enfrentar los desafíos.

Ya la ONU (2020) junto con otras organizaciones, advirtieron las demandas que en el futuro inmediato tendrán los docentes, a decir, que tengamos maestros que conozcan necesidades educativas de lugares y contextos muy diversos, que sean profesores que se encuentren preparados para demostrar su capacidad de manejar métodos y estrategia de enseñanza diferenciadas, además de preparar al alumno para que enfrente un mundo en constante cambio, sin olvidar la incorporación de las tecnologías de la educación en su ejercicio, la pregunta es si, ¿estamos cumpliendo con esos objetivos?

En conclusión, no importando de que política sexenal se trate, debe reconocerse que los maestros han permanecido firmes y fieles a su labor, simplemente haciendo lo que saben desde hace mucho, mantenerse al frente, con entereza y respondiendo al día a día en sus aulas, que son las aulas de todos los que hemos estudiado en las escuelas públicas de este país.

Es de esperarse entonces que el compromiso que tiene el Estado y sus instituciones con nuestras maestras y maestros actualmente, sea muy grande, sin temor a equivocarme me gustaría decir que lo mínimo que esperarían hoy en su día es una retribución que vaya más allá de “dádivas políticas” y haga justicia a sus verdaderas necesidades.

 

PD: A Paulina, por tu gran vocación y el esfuerzo que has hecho en las aulas, porque me permites conocer la realidad y no estar ajena a lo viven las maestras y maestros en nuestro país.

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