Opinión

De memoria

El Santo Señor de los Pantanos…

por Carlos Ferreyra
Solalinde, sacerdote católicos en funciones, es el mas acabado ejemplo de la inmoralidad y de la ambición. Todo, solapado, permitido y quizá hasta alentado por la jerarquía eclesiástica nacional y vaticana.
De su historia personal hay mucho que decir, a partir de sus redituables albergues para migrantes, los que mantuvo hasta que pandillas centroamericanas, las Mara Salvatruchas, decidieron apropiarse del negocio.
Actualmente según las inefables y misteriosas estadísticas oficiales, el manejo y trasiego de migrantes, deja una utilidad anual arriba de 14 mil millones de pesos.
Tal cifra exhibe la evidente complicidad de las autoridades que no ven ni oyen esta actividad que recientemente nos costó 56 víctimas fatales en la volcadura de un remolque cuyo paso, frente a retenes de los ratas (por el gris de su uniforme) y agentes de Migración fue grabado pero “no detectado”.
Sin duda alguna están coludidos quienes encabezan a la Guardia Nacional y a Migración. Falta conocer, que en cierto momento sucederá, si cobran, como reses, por cabeza trasladada, por capacidad del transporte y por distancia.
Exonero, a título personal, a la secretaria de Seguridad Pública, Rosa Icela, que debe estar encerrada a piedra y lodo, bloqueada por sus imaginarios subalternos.
Tras el breve ruidero por la muerte de los migrantes, igual que en San Fernando olvidamos todo. Lo importante es la consulta, víctimas propiciatorias para el altar del éxodo, sobran.
En San Fernando secuestraron alrededor de cien centroamericanos que pretendían dar el salto al otro lado. Encerrados en un baldío los invitaron a sumarse a las filas, creo recordar, de los Zetas.
Los dotaron de bates y machetes y los pusieron a pelear. Quienes sobrevivieran podrían sumarse a las filas del sicariato hoy, consentido y en muchas formas alentado.
Fueron 72 los cadáveres encontrados, no todos identificados y mucho menos vengados por una justicia omisa y una autoridad policial aterrorizada y escasamente equipada.
Ante el cambio del manejo de los migrantes, Solalinde decidió exiliarse. No pidió apoyo a sus mayores sino al gobierno que generoso repletó sus bolsillos y lo mantuvo un cierto tiempo en el extranjero.
Quizá en su nueva ubicación debía ganar las alubias. No estaba ni acostumbrado ni dispuesto. Además carecía de publicidad y si algo opinaba, se perdía entre las grabaciones borradas por intrascendentes. El Infierno para su ego.
Regresó a un México distinto, sin cabida para las simplonerías. No lo entendió pero como asno flautista, sopló y confundió el sonido con una melodía:
El Presidente López Obrador, como Jesucristo trabaja por los pobres, está en olor de santidad, afirmó en sucesivas entrevistas.
Olvidó que a López se le pasó el tiempo, a Jesús le bastaron 33 años para dejar una herencia insalvable, insuperable, perenne.
Y propuso la creación de un Comité, bajo su natural comando, para auxiliar a los Migrantes, acercarlos a la frontera norte, proporcionarles alimentación, servicio médico y más. Ignorante, hace la vista gorda ante la tragedia humana en el norte y hace como que la Virgen le habla con las órdenes de contención de Biden, mandatario vecino.
Niños y jóvenes excluidos de vacunas y medicamentos contra el cáncer, aplauden a rabiar a tan generoso apóstol de la Iglesia Pejiana que, sorprendente, es apoyada por el representante de Francisco el argentino, con quien hay coincidencias en el trato a las mujeres y su derecho a la reproducción…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back to top button