Opinión

De memoria

Narcos, enredos y negocios…

Carlos Ferreyra

Por sabido ni siquiera se menciona, el que entra al mundo del narco, no tiene salida es cómo ordenarse clérigo. Recibes insignias una vez y para siempre.
Lo narra Gregorio Ortega en una de sus magistrales obras en la que mezcla la novelística con la investigación.
Dicho en forma simple, usa los datos duros para ilustrar literariamente episodios de nuestra vida cotidiana.
Miguel de la Madrid, agobiado por la crisis económica y la falta de recursos en la Hacienda pública, acepta, quizá promueve un acuerdo con los tres capos del narco.
Tres grandes organizaciones que sembraban, procesaban y exportaban mariguana; lo mismo importaban y distribuían cocaína y comenzaban a experimenta con drogas de diseño, creadas en laboratorios.
Para obtener recursos, el mandatario pidió a gente de su confianza que comprometiera a los narcos a traer los fondos generados en Estados Unidos.
Al parecer la maniobra no fue del agrado gringo. Todo se desorganizó y además de acabar con las tres pandillas narcas, se propició el nacimiento de cientos de minigangs.
Se descubrió que un mexicano nacionalizado estadunidense, agente de la DEA , era investigado por sus compañeros. Al mando, un sujeto de apellido Kuickendal a quien llegó a atribuirse el asesinato de Enrique Kiki Camarena, hoy oficialmente declarado Héroe por la agencia antidrogas. En la ilustración, el héroe.
El crimen si no hubiese tenido tan nefastos y trágicos resultados, no dejaría de ser un astracán de teatro carpero.
El asesinato sucedió en una casa que había dado en alquiler uno de los hermanos de doña Esther Zuno. Fue citado a declarar; en acto de buena fe y confiando en la decantada pureza del sistema judicial gringo, se presentó, lo detuvieron y murió en una triste celda, solo y abandonado.
Al médico que en versión extraoficial mantenía con vida al policía para alargar su tortura, lo secuestraron, lo encerraron y posteriormente lo dejaron libre, lo regresaron a México y le otorgaron una indemnización por su apresamiento.
Centraron el asesinato en Rafael Caro Quintero quien se había refugiado en Costa Rica en compañía de Sarita una hermosa sobrina del gobernador de Jalisco.
Lo trajeron, lo enjuiciaron, lo condenaron a 48 años de prisión de los que, según las leyes mexicanas, cumplió 40 y obtuvo su libertad. No ha sido suficiente, lo teclaman en el norte y habrá que cumplir.
Los mexicanos festejamos el hecho, en el que fueron asesinados 14 marinos teóricamente autores de la captura. La operación, declaró y reiteró la jefa de la DEA, fue a cargo de sus elementos que de acuerdo a esta versión sólo eran respaldo pero sin participación de las fuerzas del orden mexicanas.
A tal grado, que mientras la DEA precisó que la captura fue en Choix, Sinaloa, las autoridades mexicanas situaron el episodio en Chihuahua. Curioso, el helicóptero abatido cayó en Sinaloa.
Un hecho en extremo ridículo, el anuncio de que un perro de la Marina fue quien localizó al delincuente y por eso se le pudo detener.
De los involucrados tanto en el crimen como en los negociados oficiales con los narcos, queda Manuel Bartlett al que pretenden que se presente en Estados Unidos para declarar su posible participación.
Queda la experiencia de Rubén Zuno, cruelmente asesinado por una justicia que, aún enfermo, se negó a atenderjo. Murió, lo dijimos, en la cárcel y quizá sin vela en el entierro.
En las investigaciones iniciales se ubicó el crimen en un rancho en Michoacán, propiedad de uno de los vástagos del general Marcelino García Barragán, cuya propiedad rural en Jalisco relacionaban con Las Cabras, del gobernador de Sinaloa, Toledo Corro, principal capo del narco en esa etapa.
Combatir, anular las estructuras narcas a cambio de arreglos con el gobierno, fueron el principio del fin. Los cárteles se pulverizaron, surgieron traficantes y con ellos infinidad de asesinos de alquiler.
Y con el paso del tiempo, incontrolable y con visos reales de complicidad al más alto nivel, estamos bajo la admonitoria visión de la DEA que ya anunció que sin importar el alto cargo que se ostente, la agencia estará vigilante para presentar ante la justicia (gringa) a quienes considere culpable…

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