Opinión

De memoria

El siglo extraviado…

Carlos Ferreyra

Debo admitir, muy a mi pesar, que este no es mi siglo, que cada día me siento más desubicado, entiendo menos todo pero eso si, conozco las causas.
Mi más reciente experiencia: me trepé a un Tesla. Que en términos profanos es una cajota llena de pilas, cuatro ruedas y una gran pantallota.
El señor que en teoría lo conduce, mira constantemente la pantalla, que va lanzando advertencias y proponiendo soluciones.
Puede asegurarse que el coche maneja al chofer del que no requiere sino breves correcciones que el mismo auto sugiere.
¡Horrible! cuando comencé a manejar, hace 70 años cada sábado pasaba la mañana completa ajustando los frenos de varilla: del pedal se conectaban a las ruedas, allí se levantaban una a una, las zapatas con la cubierta de asbesto, se abrían hasta casi rozar los tambores.
Con la mano se giraba la rueda y se procedía con la siguiente. De la fortaleza de las piernas del conductor dependía la efectividad de los frenos, que si no se revisaban semanalmente ni Sansón hubiese detenido el carromato.
Otras labores eran necesarias, por la suciedad de la gasolina y la gran cantidad de plomo que contenía, era conveniente limpiar las bujías que se carbonizaban con frecuencia.
Y había más, pero dedicar ese tiempo al auto personal o familiar, era placentero. Revisar la flecha que iba del calabazo a las ruedas de tracción, era la cumbre del conocimiento, de la experiencia choferil.
Y miren, mientras YSQ se solaza gastando dinero a lo idiota, comprando una fábrica de combustible que venden porque sus dueños la consideran obsoleta y próximamente sin futuro comercial, y esto incluye a Dos Bocas que traga recursos al ritmo de armas que se cubren de gloria.
Ebrard que igual que Monreal son seres sin patria ni pueblo, promueve la fabricación de autos eléctricos con lo que colaborará, desde ya, al fracaso de los planes energéticos del mandatario en turno.
Sigo con mis recuerdos centenarios. Un día apareció una tienda, Mercado de Discos. Era maravilloso entrar, mirar las cubiertas de la música que no alcanzábamos a comprar pero que podíamos escuchar allí con unos audífonos enormes. A juntar los domingos y un día finalmente adquirir el disco anhelado. Era parte del gozo.
Pues nada, una de mis hijas llegó con un aparatito del tamaño de un celular. Es todo pantalla y responde al nombre de Alexa.
No hizo nada más que enchufarlo a la luz normal. No hay contrato, tampoco conexiones extras, nada, absolutamente nada.
Miras fijamente el chunche, aunque no es condición indispensable, y con voz clara, ordenas: ¡Alexa, Concierto de Aranjuez! Puedes también sugerir algo de Chico Che, o de cualquier autor del Universo que se te ocurra.
Toda la magia a la basura. Y claro, puedes mencionar las computadoras, las redes sociales y algo que a la secretaria de Educación se le escapa: las matemáticas son una tontera si tienes los artefactos convenientes a tu alcance.
Claro, aprenderlas sirve para organizar el pensamiento, adiestrar al cerebro y convertirse en un ser más inteligente, pero eso no preocupa, igual se llega a titular de Educación y con suerte, brincar a gobernadora. Episodio repetido.
Sinteticemos: me aburren las soluciones simples y por hoy y será peor en el futuro, basta preguntarle a una maquina para que te desoriente mientras te crees el sabio mayor.
Ya ni siquiera es necesario consultar o leer libros, en las redes siempre estará a disposición el resumen, la sinopsis de El Quijote, Orlando Furioso, La Odisea y hasta la Familia Burrón…

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