Opinión

El drama del comercio de niñas indígenas en México

En los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca aún se practica vender a las hijas para casarse, aunque el comprador sea un hombre que les duplica o triplica la edad

por María Ortíz

 

Desde 30 mil pesos hasta casi los 400 mil pesos es el precio que se llega a pagar en algunas comunidades indígenas de la montaña de Guerrero en una transacción que, aunque sea tratada como uso y costumbre, no deja de ser indignante la venta de niñas.


 

El estado de Guerrero es el lugar con más venta de niñas, según la asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación, en cuanto las niñas cumplen alrededor de 12 años. Las infantas quedan en completa vulnerabilidad, ya que su nueva familia no solo las compra para ser esposas, si no en ocasiones las esclaviza con tareas domésticas o agrícolas, y a veces los suegros abusan sexualmente de ellas.


No hay datos exactos de cuántas mujeres son víctimas de esta práctica, ya que no se denuncian los hechos, sin embargo, se estima que son alrededor de 300 mil niñas. A nadie sorprende la tradición de que a las niñas se les robe su niñez, se les convierta en adultas o en madres, casi todas las familias han comprado o vendido a una de sus hijas. La dote es una tradición ancestral, la cual consistía en la entrega para matrimonio de la niña o adolescente a cambio de bienes como animales, terrenos, panes, cerveza, sin embargo, ahora es una simple transacción económica.

 

De los 2471 municipios mexicanos, 620 son indígenas de los cuales 420 son regidos por usos y costumbres tradicionales reconocidos y respaldados por la Constitución en su Artículo Segundo sobre la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas, esto permite ponerle precio a la mujer según su juventud y belleza, la familia que quisiera casar a su hijo debía desembolsar cantidades que contrastan enormemente con las condiciones precarias en que viven las indígenas mixtecas. Estos datos describen lo complejo de un tema que además del abuso y machismo, expone que se trata de una problemática que el propio estado debería solucionar y las víctimas.

 

Esta situación nos recuerda el lugar común en el que suelen situar a los pueblos indígenas; en el eterno conflicto entre la modernidad y la tradición, entre civilización y la discriminación racial hacia las niñas indígenas. La violencia hacia las mujeres de la montaña está más arraigada en una dominación de orden económico, político y agrario antes que en un supuesto antiguo pacto de usos y costumbres. Hay que señalar como violencia física, sexual y reproductiva estos actos hacia las mujeres mixtecas, dentro y fuera de sus comunidades, está claro que debe de atenderse seriamente la situación que atraviesan las mujeres indígenas en Guerrero, sin que las exigencias de sus derechos y justicia se sigan utilizando como la imagen de que indígena sea igual a pobre, violento y retrogrado.

Apelar a los derechos humanos de los pueblos indígenas no debería contraponerse a sus formas organizativas y modos de vida, hay que recordar que la venta de personas sin discriminación de ningún tipo constituye una violación a los derechos humanos y un crimen que el estado debe erradicar.

 

Es condenable que continue dicha  practica que bajo el argumento de USOS Y COSTUMBRES DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS , cosifica a niñas y adoloecentes en las diferentes entidades del pais, lo que constituye limitaciones a los derechos de la niñez. No es aceptable que las autoridades hagan caso omiso a situaciones tan graves como la venta de niñas, que es traducida a delitos como violacion sexual, trata de personas entre 9 y 17 años de edad, matrimonio infantil y violaciones al derecho de la libertad y a la salud, que atentan contra una vida digna  y que se cometen en complicidad con autoridades comunitarias y locales.

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