Opinión

De memoria

Imploración…

por Carlos Ferreyra

Dice el sabio dicho que a todo santo le llega su capillita. A los piadosos ex propietarios de vidas y haciendas de Veracruz, Javidú y Karime, la que merece bienestar, en teoría les caerá la justicia terrena.
De la celestial ellos se encargan. En la administración del obeso sujeto, y con cierta complacencia de las jerarquías eclesiásticas locales, se desató una infame cacería de periodistas.
Y de violaciones con asesinato de las víctimas, eso a cargo de una pandilla de jóvenes hijos de mala madre pero de padre adinerado.
La justicia local, los clérigos, voltearon hacia otro lado mientras el gobernador enviaba dinero a manos llenas a Enrique Peña Nieto. El robustiano aseguró que al que iba en carro de hacienda le entregó en Toluca dos mil 500 millones de pesos.
Seguramente cierto, a funcionarios menores los capturaron en la capital del vecino estado, bajando de un vuelo privado con cajas repletas de billetes. Llegaban de Veracruz para cumplir un encargo personal de su gober.
Karime en sus ratos de ocio se dedicaba a los ejercicios caligráficos, reproduciendo hasta el vómito la frase: merezco bienestar. Junto con la libreta estaban riquezas abandonadas en un almacén, algo parecido a la cueva de Alí Babá.
Obras de arte de gran valor, joyas, muebles y loza de todo tipo, jarrones y esculturas yadró y de otras procedencias.
Se intervino el almacén, los pillos salieron huyendo; mientras a Javidú lo enchiquearon, la Karime voló a Londres con sus hijos, se alojó en carísimo departamento de lujo, comenzó a enviar a sus pequeños a una selecta escuela.
Todo iba de maravilla, para intentar que las autoridades no pudiesen recobrar los cientos de millones de los que se habían apropiado, decidieron divorciarse, pero tomando ciertas medidas: los suegros, padres de Karime, en una declaración aceptada por la justicia, informaron que se habían sacado la Lotería.
Sin duda se sacaron la Lotería cuando negociaron la boda de su hija, poco agraciada, con el antiestético galán.
Síndrome jarocho, el anterior gobernador, Fidel Herrera, dos veces le atinó, en una de las cuales decidió beneficiar amigos a los que regaló cachitos.
Del contenido del almacén no se supo nada, salvo que los acusados reclamaban como propias y de adquisición legal, ciertas obras de arte, supuestamente depositadas en las santas manos de los suegros.
Con un destiempo cómplice, anuncian la congelación de fondos de la señora, que como no es tonta, ladrona se supone que sí, ya tendrá en diversas modalidades, fideicomisos, propiedades, seguros y claro, sus papis, el dinero que ahora recuperarán pero en centavitos, no en Pesos, menos en Libras o Euros.
¿Cual será la causa para querer hacer justicia, luego de tanto tiempo? Incomprensible, salvo la respuesta de me odian porque les hice un favor. Y en este rejuego se asevera, sin mayores datos, que la campaña de Lopez también alcanzó los beneficios de la generosidad jalapeña.
En síntesis y pese a jaculatorias y rosarios, a estos santos parece que les llegó su capillita. Ojalá y no sea una Lozoyada mas…

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