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Joel Ayala, su derrota en el SUTGCDMX, ¿el principio del fin?

Por el Pordiosero

 


En noviembre se cumplirán 45 años que Joel Ayala Almeida instauró en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud (SNTSA) un cacicazgo que le permitió, en 1998, hacerse del control de la central burócratica la FSTSE, haber sido diputado federal tres ocasiones y dos senador de la República. Sólo Francisco Hernández Juárez, es más longevo -por poco más de un año- en el sindicalismo.

En 1976, era secretario de asuntos foráneos de la organización, cuando por una relación familiar logró el apoyo de Leopoldo Morales Nava, secretario general de la sección Jalisco, fundamental para convertirse en candidato al liderazgo nacional. Unos días después cumpliría 28 años de edad.

Con el secretario de Salubridad y Asistencia, Emilio Martínez Manatou -en el gobierno de José López Portillo-, entabló una relación cercana que le permitió duplicar la membresía sindical mediante la basificación de miles de trabajadores en todo el país. En las elecciones federales de 1979, el PRI lo postuló a diputado federal por el XIII distrito electoral en la Ciudad de México -la única ocasión en que ha competido por el voto popular-, por lo que integró la LI legislatura en la que por vez primera contó con legisladores de izquierda.


Concluida su gestión sindical, fue sustituido por Morales Nava, con quien riñó meses después, lo que obligó a que ambos se retiraran de las posiciones que ocupaban -al secretario general lo suplió Rubén Nuricumbo, con quien Ayala Almeida había iniciado su consolidación como dirigente, siendo el único en reincorporarse como presidente del Consejo Nacional de Vigilancia-.

No fue la única ocasión que se distanció de quien ocupaba la dirigencia del SNTSA: generó condiciones para que Francisco Tapia Rentería y Rafael Farrera Peña no concluyeran sus gestiones. Mantuvo también diferencias con José Luis Martínez Alvarez en 1995, que le llevó, meses más tarde, a ser secretario general por segunda ocasión y, tres años después convertirse en secretario general de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE). El presidente de la República era Ernesto Zedillo, su paisano de Baja California y con quien coincidió en su época de estudiantes.      

Con un fino instinto político, a finales de 2001 sorteó la pretensión de la maestra Elba Esther Gordillo de hacerse del control de la FSTSE, con el apoyo del gobierno de Vicente Fox. A Benjamín González Roaro, director general del ISSSTE, le ganó el voto de su sindicato, permitiéndole ser reelecto en la central.

Menos de tres años después, la burocracia sindical se dividió tras fracasar en el intento de frenar la segunda reelección de Ayala Almeida en la central burocrática. Los maestros y una veintena de sindicatos -del gobierno de la CDMX, SCT, Bienestar, metro y controladores aéreos, entre otros- se integraron en la naciente Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos (FEDESSP).

No pasó mucho tiempo para que aprovechara actos de corrupción graves del dirigente del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno del Distrito Federal -ahora Ciudad de México- y lograra que fuera sustituido por Enrique Hanff, cuya primera acción fue el retorno a FSTSE.

Después que Andrés Manuel López Obrador ganara la Presidencia de la República, adelantó su reelección en la FSTSE para una gestión de seis años y luego renunció a su militancia en el PRI. Distanciado de Juan Ayala Rivero, presidente del SUTGCDMX, apoyó a quienes evitaron que validara una irregular toma de nota gubernamental que le hubiera permitido mantenerse en la dirigencia hasta 2023.

En enero del año pasado, percibió que el gobierno de la ciudad no reconocería el triunfo de Hugol Alfredo Alonso Ortiz por la presidencia sindical y aprovechó la impugnación de la convocatoria a elecciones, para arropar a la mayoría de las secciones. Se legalizó un ilegal Directorio Sindical -no contemplado en el estatuto para el comité ejecutivo general-, permitiéndole el manejo de las cuotas de 110 mil trabajadores.

Sin embargo, cometió errores incomprensibles: se rodeó de ex dirigentes sindicales sin influencia entre los trabajadores que sólo buscaban utilizarlo para sus intereses personales y desdeñó construir acercamientos con Alonso Ortiz, secretario general de la sección más numerosa del SUTGCDMX, la 1 “Limpia y transportes” y sus seguidores.

Leyó mal el resultado de las elecciones en la CDMX, donde Morena perdió la mitad de las alcaldías, y echó a andar el proceso electoral de dirigentes sindicales, confiado en que él sería el gran elector. No previó que desde las secciones que cobijó lo traicionarían.

El subsecretario Efraín Morales impulsó la unificación de las secciones para quitarle el control del congreso extraordinario de reforma estatutaria a FSTSE, cuyo primer acuerdo fue la desaparición del Directorio Sindical. La comisión electoral fue integrada por Alejandro Pérez Lugo y Miguel Ángel “El borrego” Estrada Manzo -del grupo de Alonso Ortiz-, Víctor Hernández Villeda y Perla Hernández -del grupo de Cesar Piña– y una trabajadora de la sección 7 “Panteones”.

Ayala Almeida fue el gran perdedor. No es un fracaso menor: el SUTGCDMX es el segundo sindicato en membresía de la FSTSE.

En los próximos meses su liderazgo enfrentará otras dos pruebas que decidirán su futuro, con elecciones para dirigentes sindicales de los trabajadores de la Secretaría de Salud y del ISSSTE. No lo hará con la aureola de triunfador, y la oposición lo habrá olfateado.

¿Será el principio del fin de una larga carrera en el sindicalismo?

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